martes, 6 de agosto de 2013

Padre Abraham

A los 17 años se tiene la ventaja de tener una plasticidad emocional enorme, uno puede ir de aquí para allá en dos segundos sin inmutarse... entonces estaba ahí, a los 17, recién salida de mi primera relación "formal" (en el estricto sentido de "seamos novios y hagamos cosas juntos") ni tan inmutada porque tenía muy en mente al mentado Juanito que recién había salido de mi vida por sus tantísimos altibajos emocionales que no iban ad-hoc con mi estilo de vida relajado. De al menos un año atrás venía teniendo a un amigo de la prepa, que ahora que terminábamos y estábamos por pasar a la universidad, se le ocurrió aprovechar el momento en que me separé de aquel otro para confesarme que recién él también había cortado con su novia y tenía interés en mi.

Para esto es necesario remontarse un par de años atrás... en esas dinámicas de presentación a veces fatales en las que uno tiene que ponerse de pié en frente de "ene" cantidad de desconocidos y hablar de uno mismo con la esperanza de que a raíz de ello se produzcan lazos de unión entre los presentes. Todos se levantan y dicen lo que tienen que decir, plano, sin chiste, hasta diría que aburrido. Entonces se levanta éste loco, en lo que a mi me pareció una actitud sumamente amigable y extrovertida y dice "Yo me llamo Abraham, para que no olviden mi nombre tal vez puedan recordar una canción que dice así Padre Abrahaaaam tenía muchos hijoooos" y de repente, por ese simple detalle que para mi requirió de mucho valor (mira que cantar una canción religiosa frente a una bola de adolescentes cínicos y burlones...) ese chico se ganó un shot extra de mi atención.

Ese shot extra fue como una especie de saber que estaba ahí, osea su presencia siempre era detectada por mi radar pero no siempre con un interés más allá de la amistad, se podría decir que me producía interés y curiosidad. A los pocos días de integrarnos a la preparatoria, él y un grupo de chicos (entre ellos mi amor platónico de la prepa) comenzaron a juntarse para no separarse a lo largo de los 3 años que cursamos juntos y fue ahí que hubo una serie de "ups and downs" con ese chico que cantó los primeros días: lo odié, me simpatizó, nos hicimos amigos, lo quise muchísimo"

Y volvemos al inicio de mi historia, mientras él terminaba su relación de años y yo la mía de meses con uno de sus amigos, al día en que decide que es tiempo ideal para decirme que le gusto. El plus de todo esto y a lo que quiero llegar es que creo que fue una de las maneras más inteligentes y originales de pedirle a una chica que le de una oportunidad. Recuerdo que por el enorme cariño que le tenía como amigo en un principio pensé en negarme, no porque no quisiera andar con él sino porque las cosas no pintaban (según yo) a nuestro favor y porque pensé que ambos rompimientos estaban muy cercanos. Pero él me dijo algo inolvidable que en resumen fue más o menos así: "Vamos a darnos una oportunidad de andar... y lo digo literalmente, ANDAR, caminar, platicar, conocernos más, ANDAR. No ser novios si quieres, pero andar." Y no sé qué pueda pensar quien lee esto, pero para mi, no hay manera de decir que no a algo tan acertado.

En mis adentros pensé que tenía toda la razón, no había nada malo en andar con alguien, en salir, en intentar hacer cosas juntos. Esa primera vez que salimos en realidad anduvimos, platicamos, nos reímos, por un rato al menos yo olvidé los poquísimos inconvenientes que encontré a su propuesta y en cuestión de un par de horas estaba convencida. TENÍAMOS que andar, éramos una pareja excelente, nos llevábamos increíble, reíamos como locos, veíamos películas, hablábamos de tantas cosas y juntos nos sentíamos más que bien. Para mi, fue como si a nuestra amistad, esa en la que a veces nos hacíamos maldades y bromas pesadas, nos rasguñábamos y decíamos bobadas... le hubiéramos encendido fuego.

El universo conspiró una vez más a mi favor, me puso en el camino de un chico maravilloso para tener un recuerdo que plasmar en el cual pudiera entender en carne propia y para mi futuro, el significado literal de andar con alguien, de caminar, de compartir y vivir momentos memorables. Y logró su cometido, porque años después no puedo ni quiero olvidar al susodicho Padre Abraham.

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